Los residuos que son arrojados en la colectora de la Ruta 8 pertenecen a una problemática que lleva varias gestiones, ya de los tiempos de Errazu al frente del ejecutivo distrital, los vecinos y los que no lo son, recurrentemente tiran desperdicios a la vera de la vía nacional
Los esfuerzos, los avisos, las charlas con vecinos, con los parqueros, con los transeúntes. Resultaron inútiles ante la recurrencia de quienes sin importarle el bien común, se deshacen de lo que no les sirve, para dejar sus despojos en la calle a la buena de Dios y a merced de ratas y todo tipo de animales que, tentados por el olor y la comida en descomposición, se hacen un verdadero banquete, a costa del riesgo de la población, de contraer cualquier tipo de enfermedad.
Los años de este problema, han visto los intentos por erradicar este mal que tiene como componente principal la irresponsabilidad de los que tiran basura. Camiones, bateas, chipeadoras, limpieza durante el día. Nada sirvió para que no dejen residuos, es más cuando más el municipio intentó sacar, más basura se tiraba. Haciendo de esto, una lucha cuerpo a cuerpo con los infractores.
Pero esto no es todo, además de la basura tirada en la colectora que va mano a Pilar, también se sumó esta mismo accionar vergonzoso a la colectora de en frente que linda con Los Pinos, es decir que no solo no merma, sino que aumenta el volumen de basura en la calle, alentando por otra parte a los incendios espontáneos en la zona.
En este último tiempo y después de las fiestas, época en la que se agrava enormemente este problema, se quitaron los contenedores. Porque también hay que decir, que no solo corresponde a los Exaltacrucenses sino a los que visitan la localidad, que se hacen un festín, tirando de todo. Se implementa la multa como último dique de contención a una situación insoportable.
Hace unos días, vecinos cansados, tomaron fotos de tiradores compulsivos de basura, a quienes se les hizo una multa esperando que desistan de su cuestionable proceder, sin embargo y aunque ha bajado notablemente el número de infractores. Todavía hay quienes no quieren entender y siguen arrojando desperdicios a cielo abierto.